En defensa y fortalecimiento del sindicalismo en México

El sindicalismo, construido y conquistado con la sangre, la vida y el sacrificio de millones de nuestros antepasados proletarios; como arma de lucha, instrumento de unidad, organización, disciplina y combatividad de los explotados, oprimidos y desposeídos de la sociedad; forjado para la lucha en contra del capital, en contra de la burguesía y su Estado; primero con el objetivo de la mejor venta de la fuerza de trabajo, y segundo, convertirlo en la primera escuela de unidad, organización y lucha de los trabajadores, en donde aprenden sus primeras lecciones y adquieren conciencia de clase, y transformarlo posteriormente en escuelas para la revolución proletaria. Hoy enfrenta la mayor ofensiva del capitalismo e imperialismo, que a toda costa intentan acabar con todas las conquistas arrancadas en más de 200 años de luchas del proletariado internacional y nacional, sobre todo acabar con el sindicalismo, para dejar en total indefensión al proletariado y todos los asalariados, lo que permita imponer nuevamente condiciones de sobreexplotación y mayor expoliación de la fuerza de trabajo, volviendo a condiciones de servidumbre y esclavas.

En las últimas décadas del siglo XIX, con mayor experiencia las luchas intensas del proletariado, particularmente de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, España, Rusia, Japón y Estados Unidos; sobresaliendo las luchas ejemplares de la clase obrera francesa con la Comuna de París en febrero-mayo de 1871, las huelgas de los obreros de la Confederación Americana del Trabajo que aglutinaba a cientos de miles de trabajadores de EU y Canadá en mayo de 1886, que se popularizó con el 1° de mayo como “Día Internacional del Trabajo” aprobado en el Congreso Internacional Socialista realizado en París en 1889; junto con las imperecederas acciones históricas de la I y II Internacional Comunistas, que constituyeron verdaderos hitos, que obligaron a la burguesía –la clase patronal— a conceder muchas de las demandas, particularmente la jornada laboral de 8 horas, mejoramiento de los salarios, otorgamiento de prestaciones y seguridad sociales, destacándose sobre todo la conquista de libertades políticas y sindicales.

Este auge de las luchas proletarias se incrementó y expandió en el siglo XX, con el triunfo de la revolución socialista en la Rusia zarista, bajo la dirección de los Bolcheviques jefaturada por Vladimir Ilich Ulianov Lenin y J. V. Stalin, que fundaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) –1922-1992—, con la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial –1939-1945—, el triunfo de la Revolución de Nueva Democracia (RND) y Socialista en China en 1949 y las posteriores victorias de revoluciones proletarias en decenas de países en el mundo y en todos los continentes, generando la esperanza de un mundo mejor, atisbándose una sociedad socialista y comunista mundial, que acabe con la explotación del hombre por el hombre y con el decadente, reaccionario y fascista modo de producción capitalista y su engendro el imperialismo.

El sindicalismo se expandió en todo el mundo, lográndose muchas conquistas, principalmente la universalización de la jornada laboral de 8 horas diarias; el mejoramiento de las condiciones económicas, sociales, laborales y profesionales; atención médica; las pensiones por accidentes de trabajo y las jubilaciones; el derecho de asociación y sindicalización; el derecho de huelga, etc., etc.

Sin embargo, a la par del ascenso de la lucha proletaria y su consolidación ideológica con el marxismo, el marxismo-leninismo, y el marxismo-leninismo-maoísmo; la burguesía hábilmente buscó minar la línea y la fuerza proletaria, logrando cooptar en todas partes a cuadros y penetrar las organizaciones del proletariado, fortaleciendo la línea revisionista –dizque revolucionaria en teoría y reaccionaria, retrógrada y traidora en la práctica—, lo que facilitó el debilitamiento de los partidos “comunistas” y “socialistas” en la mayoría de los países, logrando simultáneamente el debilitamiento de las organizaciones sindicales. En los países, que fueron fortaleza en la lucha proletaria, como Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Francia, España, Estados Unidos, y otros más, los sindicatos fueron infiltrados y controlados por los partidos revisionistas, casos concretos en Francia, Alemania y Estados Unidos.

Ante la actual crisis del capitalismo y la profundización de las contradicciones imperialistas, detonada en octubre de 2008, el capital financiero y la gran burguesía, han hecho recaer todo el peso de su crisis, sobre las espaldas de los trabajadores, imponiendo la reestructuración del modo de producción capitalista, como su única alternativa; de ahí la modificación de todas las legislaciones en la mayoría de los países, para justificar la cancelación de todas las conquistas arrancadas históricamente por el proletariado mundial, entre ellos la eliminación y/o amordazamiento de los sindicatos, que se demuestra por la débil respuesta de los trabajadores ante las criminales agresiones del capital, debido a la intensa alienación a que han sido sometidos, por las políticas públicas, la educación burguesa, los medios masivos de comunicación. ¿Cómo explicarse la pasividad de la mayoría del proletariado en Europa, Japón, Estados Unidos, China, Rusia, América Latina y otras latitudes y países, ante la despiadada explotación y opresión, desempleo, miseria, hambre y la pérdida de conquistas?

El sindicalismo en México.

La situación en nuestro país no es diferente, y en algunos aspectos aun peor, dada las condiciones de semifeudalidad y semicolonialidad predominantes, que la burguesía y su Estado, así como su clase política —de todos los partidos políticos de Estado— y demás instrumentos de control y sometimiento de los trabajadores y el pueblo, se empecinan a defender, aceptando su condición de vasallos del imperialismo, y no tan sólo su incondicionalidad, sino que se proponen en convertir a México en una neocolonia e incluso en parte integrante, en una provincia de los Estados Unidos. De ahí la criminal y traidora reestructuración, que ha impuesto legalmente 13 reformas estructurales, que tanto presume el gobierno de Enrique Peña Nieto, y que en el mayor cinismo ofrecen para que el capital transnacional (imperialista) invada a nuestro país. Ofrecen las aún incalculables riquezas naturales: petróleo, gas, minería, agua dulce, playas, centros arqueológicos; junto a estas riquezas ofrecen igualmente la mano de obra barata y regalada de más de 58 millones de personas de la PEA, y que incluyendo a millones de niños hambrientos suman más de 88 millones en subasta, en condiciones esclavas.

Como referente ilustrativo, se reproduce parte del Reporte Económico PEA, Ocupación y Empleo 2015, de David Márquez Ayala, publicado en La Jornada del 7-03-16:

–Población Total de México en 2015: 121,007,187 personas. 100.0%.

–Población de 14 años y más: 88,456,046 “

–Población Económicamente Activa: 58,882,130 “ 100.0%.

Ocupada: 50,611,332 “ 86.0%.

Desocupada: 8,270,798 “ 14.0%.

Desocupación abierta: 2,293,793 “ 3.9%.

Desocupación pasiva: 5,977,005 “ 10.1%.

–Población no económicamente activa: 29,573,916 “

–Nivel de Ingresos: 50,611,332 “ 100.0%.

Hasta un salario mínimo: 7,006,937 “ 13.8%.

Más de 1 hasta 2 salarios mínimos: 12,720,085 “ 25.1%.

Más de 2 hasta 3 salarios mínimos: 10,661,229 “ 21.1%.

Más de 3 hasta 5 salarios mínimos: 7,365,727 “ 14.6%.

Más de 5 salarios mínimos: 3,244,395 “ 6.4%.

No recibe ingresos 3,630,189 “ 7.2%.

No especificado 5,982,771 “ 11.8%.

–Acceso a Institutos de salud: 50,611,332 “

Con acceso 18,522,935 “ 36.6%.

Sin acceso 31,840,189 “ 62.9%.

No especificado 248,208 “ 0.5%.

Como puede observarse estas son las condiciones lacerantes en que sobrevive la mayoría del pueblo mexicano. Los que producen la riqueza nacional, el proletariado, subsisten en la miseria, con un salario mínimo, insultante de $73.04 diarios.

La ofensiva del capital y el imperialismo, en contra de los trabajadores se manifiesta en los siguientes aspectos:

–Con la imposición de la reforma laboral, se han cancelado fundamentalmente la jornada laboral de 8 horas, el pago de tiempo extra, quedando los horarios a merced de la decisión patronal.

–Se acaba con los Contratos Colectivos de Trabajo, imponiéndose arbitrariamente la contratación individual y en condiciones para no generar derechos.

–Desaparece para los nuevos trabajadores el derecho de percibir pensiones por accidentes de trabajo y jubilaciones.

–Desaparece la relación patrón-trabajador, permitiendo la intervención de un intermediario que somete a su arbitrio a los trabajadores, quienes quedan sujetos a la voluntad patronal.

–El patrón burgués y/o el Estado, se sacuden de su responsabilidad de otorgar prestaciones económicas y sociales a los trabajadores, obligándolos al ahorro obligatorio, que administran los Bancos, utilizándose los ahorros para financiar al gran capital, y expuestos a saqueos y probables quiebras.

–Se intensifica la explotación, la represión y persecución de los trabajadores.

El sindicalismo, particularmente el de clase, que lamentablemente no se generalizó en nuestro país, puesto que durante la etapa de la lucha armada de 1910-20, se fue generando el corporativismo –organismo de los trabajadores atados a la estructura del Estado, sirviendo intereses de la burguesía—, sirviendo de ejemplo la unción de la Casa del Obrero Mundial al carrancismo, sirviendo de traidores y esquiroles el Dr. Atl, Luís Napoleón Morones, Rafael Quintero, con el apoyo de Samuel Gompers, el líder vitalicio de la American Federation of Labor, padres fundadores del corporativismo cuya esencia radica en la conciliación de clases, formando los Batallones Rojos, para favorecer a los burgueses y terratenientes que representaba el carrancismo, y combatir a los ejércitos de Zapata y Villa1.

En los años 30 y 40s del siglo XX se consolidó el corporativismo, mejor conocido en nuestro medio como charrismo sindical, como parte integrante del Estado, caracterizándose por la antidemocracia, la corrupción, la represión, la delación, persecución de trabajadores disidentes, violación a los derechos de la mayoría de los trabajadores, eternización de los dirigentes en los puestos sindicales, serviles y fieles instrumentos de la burguesía y su Estado. El corporativismo no es sindicalismo, es traición al proletariado. Los mejores ejemplares han sido la CTM, COR, CROM, CROC, CNC, IMSS, SNTE, los sindicatos de Ferrocarrileros, de telefonistas, petroleros, que aún son necesarios para el Estado, como soporte para imponer las reformas estructurales.

Sin embargo, a pesar de la burguesía y su Estado, del charrismo y el oportunismo, en todas las épocas, en nuestro país se han destacado sindicatos clasistas, entre los mineros, ferrocarrileros, electricistas, maestros, tranviarios, en cientos de fábricas y otras organizaciones. En la actualidad a pesar de la ofensiva imperialistas, de la burguesía y su Estado, la resistencia sindical se manifiesta en todos los frentes de lucha. Con la actual crisis capitalista, la burguesía y su Estado, con la reforma laboral y sirviendo órdenes imperiales se han propuesto la desaparición de los sindicatos y se proponen evitar todo intento de sindicalización de los nuevos trabajadores. A muchos trabajadores, sobre todo quienes son influenciados por el reformismo, temen a la política del Estado y caen en la conciliación de clases.

¿Quiénes procrearon los sindicatos, los patrones o los trabajadores? Naturalmente que los sindicatos son instrumentos de unidad, organización, disciplina y combatividad de los trabajadores, por lo tanto, si los patrones niegan los registros, niegan las llamadas “Tomas de Nota”, no debe preocuparnos, puesto que en los hechos son los trabajadores que con su decisión de lucha les darán vida. Caso concreto: la CNTE.

La agonía de los sindicatos en México. “Sindicatos fantasma ya son mayoría en el país”2.

Trabajadores de grandes cadenas comerciales, restaurantes, hoteles, escuelas privadas, prestadores de servicios, panaderías, pequeños y medianos negocios y maquiladoras, entre muchos otros gremios, están bajo contratos colectivos de protección patronal, pues ya son mayoría los sindicatos blancos también conocidos como fantasma, en los que seudodirigentes cobran igualas mensuales a las empresas para fingir una representación y evitarles huelgas.

Trabajadores de grandes cadenas comerciales, restaurantes, hoteles, escuelas privadas, prestadores de servicios, panaderías, pequeños y medianos negocios y maquiladoras, entre muchos otros gremios, están bajo contratos colectivos de protección patronal, pues ya son mayoría los sindicatos blancos también conocidos como fantasma, en los que seudodirigentes cobran igualas mensuales a las empresas para fingir una representación y evitarles huelgas.

El esquema de los contratos colectivos de protección se asentó en México hace siete décadas, y ha crecido de tal forma que ya son mayoría los trabajadores que se encuentran bajo este régimen, mientras conforman una minoría los que pertenecen a sindicatos independientes.

Un análisis de la organización Friedrich Ebert, elaborado por el abogado laboral Carlos de Buen Unna, señala lo anterior y precisa que dichos contratos son operados como ‘‘negocios a largo plazo’’ por familias enteras de falsos líderes, que tienen el registro de diversos sindicatos fantasmas, que no conocen los trabajadores, ya que se ‘‘arreglan’’ directamente con los patrones. Además, ‘‘sus liderazgos los heredan de padres a hijos, a nietos, a esposas’’, que eventualmente siguen cobrando a las empresas.

Organismos de protección

El informe, titulado Los contratos colectivos de protección patronal en México, también hace referencia a que hay un sinnúmero de despachos de abogados patronales que también ‘‘administran’’ sindicatos blancos y cobran por este servicio de protección.

De esta forma, hay organizaciones que detentan y usufructúan decenas de contratos. Por ejemplo, en esta ciudad tan sólo el llamado Sindicato Nacional de Trabajadores de la Actividad Comercial y sus Derivados tiene 71 contratos colectivos (en su mayoría de cadenas comerciales); el Sindicato Fraternal de Obreros, Empleados de Casas Comerciales, Agentes de Ventas, Escuelas y Oficinas Particulares en el Distrito Federal tiene otros 50 contratos. El Sindicato de Trabajadores de la Construcción, Excavación, Similares y Conexos tiene el registro de 85.

Tal información está contenida en una investigación que sobre la contratación colectiva en el Distrito Federal coordinó el abogado Alfonso Bouzas. En ella se enlistan los nombres de personas que tienen el mayor número de estas supuestas representaciones sindicales. Detalla que, por ejemplo, Amado Becerra tiene la representación de 392 contratos colectivos, supuestamente afiliados a la Confederación de Trabajadores de México; Jorge Guillermo García Guadarrama, 251; Marco Antonio Morales Yañez, 268, y Rubén Romo Martínez, lidera y tiene el registro de 945 contratos colectivos.

Todo un récord, sobre todo porque no son conocidos y no se sabe cómo obtuvieron tantos registros de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

El análisis coordinado por Bouzas –en el que participaron Luis Oliver Reyes y Mario Vega, expertos en derecho laboral– indica que la contratación colectiva ha dejado de ser una expresión de lucha sindical y se ha convertido en un mecanismo de control.

Indica que bajo ese sistema se encuentran los trabajadores de la mayor parte de las grandes cadenas comerciales, hoteles, empresas de servicio, panaderías, etcétera, y que ‘‘la contratación colectiva en el Distrito Federal se encuentra en pocas manos y entre éstas hay personas perfectamente identificables como Ramón Gámez. Incluso en años recientes estos personajes han optado por formar sus propias centrales…’’

Lo más grave, añade, es que este tipo de sindicalismo ha liquidado la negociación real de los trabajadores, institucionalizando a los sindicatos y terminado con las auténticas luchas gremiales, ‘‘todo ello en un escenario en el que la paz social ha fungido como justificación’’.

Imponer contratos de protección, práctica cotidiana en mineras3.

Trabajadores de varias minas del país han resultado afectados por la desaparición de sus contratos colectivos de trabajo y la imposición de otros de protección, así como por la creación de sindicatos blancos, por lo que sus prestaciones han sido recortadas al mínimo, sus salarios reducidos y sus derechos laborales perjudicados. Tal es el caso de Cananea, donde de manera ilegal se eliminó el contrato anterior y los salarios de los trabajadores pasaron de un promedio de 350 pesos diarios a 180, es decir, casi 50 por ciento menos.

Práctica cotidiana

El cambio de contratos colectivos por otros de protección patronal y al gusto de los empresarios se está convirtiendo en práctica cotidiana en corporativos como Grupo México y Altos Hornos de México, mediante el apoyo al sindicato a modo o a su servicio y el despido de los trabajadores que no estén de acuerdo. Con ello logran bajar al mínimo el costo de la mano de obra y desaparecer los sindicatos reales.

Un informe del departamento jurídico del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana, elaborado por los abogados Óscar Alzaga Sánchez y Abraham Garcilazo Espinosa, señala lo anterior y analiza lo que ha ocurrido con diversos contratos colectivos del sector. El documento fue enviado a la presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Rose-Marie Belle Antoine, como pruebas de la demanda que interpusieron ante este organismo por el caso Cananea.

El texto señala que el contrato colectivo que tenía dicha mina fue desfigurado y se impuso un sindicato de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Los mineros anteriores, fieles al gremio que encabeza Napoleón Gómez Urrutia, fueron despedidos con el argumento de que la empresa cerraba por causas de fuerza mayor. Sin embargo, sorpresivamente desapareció de la noche a la mañana y reabrió con el nombre de Buena Vista del Cobre, de Grupo México, y con otro sindicato. Incluso en la entrada de la mina se colocaron letreros que decían: Trabajo para personas que no sean de Cananea.

De esta forma, uno de los contratos más antiguos del país, que tenía conquistas logradas en lustros de negociación y batallas laborales, fue borrado por uno de corte patronal, indica el documento. Añade que con el nuevo contrato de la CTM ni asambleas hay ni participan los obreros en ninguna negociación con el sindicato. Incluso la cláusula 43 señala que está restringido el acceso de los dirigentes sindicales a los lugares de trabajo. Otra disposición es que la empresa está en libertad plena de desplazar empleados e integrar a terceros de empresas contratistas. Es decir, no hay bilateralidad ni libertad sindical, ni se respetan los derechos laborales.

El anterior contrato de Cananea estuvo vigente hasta 2007 y tenía 253 artículos. En 2011 la empresa firmó uno nuevo con el sindicato de la CTM, de protección, con 60 cláusulas. Esta medida de desconocer sindicatos y contratos también la han puesto en práctica Peñoles y Altos Hornos de México.

El informe indica que esta situación es producto de actos de corrupción, porque en realidad la CTM nunca peleó una titularidad ni intervino en el conflicto, sólo fue elegida por Grupo México y firmó el contrato, aun sin tener trabajadores, los cuales –por cierto– fueron llevados después del centro del país. Por lo tanto, el sindicato minero interpuso en enero de 2012 una queja ante la CIDH, para reclamar derechos humanos que en el país les son negados a los mineros.

A los nuevos trabajadores les han reducido sus días de vacaciones y descansos anuales de 12 a siete días, y el aguinaldo pasó de 35 a 18 días; les violentan su derecho a la materia de trabajo y permiten personal de contratistas. Les han retirado sus derechos a ascensos y permutas y al retiro por tiempo de servicio. Además, desapareció el fondo de ahorro, disminuyó el monto del pago de seguros de vida y desaparecieron los fondos de ayuda para funeral de trabajadores y para capacitación en seguridad e higiene.

El documento alerta que también están desapareciendo contratos colectivos de otras compañías del sector minero, metalúrgico y del transporte, entre otros muchos sectores.

Empresarios mineros impulsan la proliferación de sindicatos blancos4.

Altos Hornos de México (AHMSA), del Grupo Acerero del Norte, propiedad de Alonso Ancira; al igual que Peñoles, de Alberto Bailleres, transformaron los estatutos colectivos de los trabajadores de sus empresas en contratos de protección y pactaron con sindicatos blancos.

El primero creó su Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores Mineros Metalúrgicos, Siderúrgicos y Conexos el 10 de febrero de 2015, demandando al gremio nacional de mineros, que dirige Napoleón Gómez Urrutia, la titularidad de los primeros cuatro contratos de la mina Hércules de Hierro, de AHMSA plantas uno y dos, y de Nava, Minera del Norte. Después seguirían seis más.

Todo para abaratar la mano de obra a través de sindicatos blancos, y también para retroceder o eliminar los derechos adquiridos por los trabajadores, señala un análisis titulado Cómo convierten los contratos colectivos en otros de protección patronal, elaborado por el experto en derecho laboral Óscar Alzaga, de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD).

El documento señala que Grupo Peñoles “prefirió formar su propio sindicato: el 28 de octubre de 2010, el cual obtuvo el registro del Sindicato Nacional Minero Metalúrgico con Carlos Pavón a la cabeza, gremio “al servicio de Alberto Bailleres, y el 3 de diciembre de 2010 por medio de recuentos de votos bien preparados y comprados, y apoyados por la Secretaría del Trabajo –en un tiempo récord de mes y medio–, obtuvo su registro y toma de nota”.

Según advierte el análisis, cada vez se fortalece más la tendencia de que los oligarcas de las grandes empresas del país formen sindicatos a modo, para tener contratos colectivos de protección garantizados, con lo cual reducen el valor de la mano de obra.

También sostuvo que mientras gremios democráticos, como el de Honda, tardan hasta cinco años en obtener su registro, un gremio de protección, como el que tiene Grupo Peñoles, utilizó este membrete y recurrió a otras prácticas legaloides para así quitar 10 contratos al Sindicato Nacional de Mineros y convertirlos en contratos de protección.

El caso de la mina La Herradura, de Peñoles, ilustra la transformación hacia un contrato de protección, pues cuando tuvo un contrato real tenía un fondo de resistencia de 9 millones, ahora nada; antes había utilidades, ahora no. También desaparecieron bonos de productividad, niveles o categorías, asambleas, y crece la planta de personal de terceristas, detalló Óscar Alzaga.

En el análisis expone también que Grupo México, de Germán Larrea, primero intentó destruir al sindicato nacional de mineros y a su dirección, con el apoyo de los gobiernos panistas, y al no lograrlo le arrebató a este gremio sus nueve contratos colectivos, con el apoyo del Sindicato Patronal de Monterrey, el Sindicato Nacional de Exploración, Explotación y Beneficio de Minas en la República Mexicana. Desde luego, con el invaluable apoyo de la Secretaría del Trabajo.

También expone que una comparación entre el contrato que tenía en 2005 el Sindicato Minero en Cananea documenta que los salarios integrados eran de 511 a 229 pesos; al pasar a un gremio de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que dirige Javier Villarreal, los sueldos bajaron en 2011 a 197 pesos los más altos y 118 los más bajos.

Defendamos el sindicalismo combatiendo el capitalismo.

Los sindicatos surgieron en Europa, a mediados del siglo XIX, como consecuencia de la experiencia acumulada en décadas de lucha de la clase obrera en contra de la explotación y las deplorables condiciones de existencia; surgieron como una necesidad de enfrentar a la patronal, demandando la reducción de las largas jornadas de trabajo que eran de 12 hasta 16 horas diarias, exigiendo aumentos salariales, prestaciones económicas, sociales, derechos laborales, educación para los obreros y sus hijos, hasta lograr conquistas como los derechos de libertad, organización construyendo sus sindicatos y arrancando el derecho de huelga. Hoy estas conquistas son conculcadas por los capitalistas y vendepatrias modernos.

Los sindicatos constituyen éxitos del proletariado, nunca fueron una concesión graciosa de la patronal, y menos del Estado, que es el aparato de represión de la burguesía.

Hoy, se impone la defensa y consolidación de todos los sindicatos existentes; la construcción de sindicatos en todos los centros laborales, denunciando y combatiendo a los sindicatos blancos y al charrismo sindical, abrevando en la rica experiencia de lucha acumulada por el proletariado.

Los sindicatos, para la burguesía deben ser meramente economicistas, para el proletariado consciente, que se sustenta en el principio universal de lucha de clases, deben ser escuelas para la revolución socialista.

¿Qué han hecho el charrismo sindical entre la clase obrera, los maestros, los trabajadores de servicios, ante la ofensiva actual del capital y el imperialismo? Servir a sus amos, son sirvientes de la burguesía y su Estado, son traidores a la Patria. Por lo tanto se impone el combate frontal hasta su derrota definitiva. Para acabar con la explotación y las condiciones miserables de existencia, sólo existe el camino de la revolución proletaria, para la instauración del socialismo y el comunismo.

1 Francismo Pineda Gómez; Ejército Libertador, Editorial ERA, 2013, p. 83.

2 Patricia Muñoz Ríos. La Jornada, lunes 26-01-16, p.3.

3 Patricia Muñoz Ríos. La Jornada, Patricia Muñoz Ríos. La Jornada, lunes 1-02-16, p. 32.

4 Patricia Muñoz Ríos. Periódico La Jornada, Miércoles 3 de febrero de 2016, p. 12

Anuncios